lunes, 20 de septiembre de 2010

18. Discusiones

Paseé de nuevo el cepillo por las greñas sueltas del moño que había decidido hacerme sin conseguir mejorar mucho mi imagen. Harta de no conseguir el resultado que quería imitar de una revista que había ojeado, guardé el cepillo de plata, que para mi alivio tan solo había presentado una pequeña magulladura como herida de mi ataque, y remangué las mangas de mi sudadera blanca preparada para bajar.
La casa no había estado más abarrotada como ahora, durante los últimos días había visto focos y guirnaldas hasta en el cuarto de baño y podía asegurar que me había hartado de comer sobras para esperar al grandioso catering de la fiesta. Desde luego no había descanso para ninguno y todos debíamos colaborar por “un beneficio común” (palabras textuales de mi madre) del que aún no había visto ni un adelanto.
Bajé las escaleras de dos en dos dejándome rebotar con cada saltito y retrasando lo más que pude el llegar a la planta baja.
  -¡Cuidado, Blanqui!- gritó una voz.
Frederick salió de la nada a toda velocidad deslizándose por la barandilla empellándome escaleras abajo sin tener resultados satisfactorios de su aviso previo. Finalmente llegó al final del recorrido y realizó un perfecto salto a diez metros de distancia.
  -Eso si que es espíritu de limpieza, Fred.- le alabé cuando logré anclar al final del tramo mientras pasaba sarcásticamente un dedo por la barandilla y lo alzaba impoluto.
Fredy se rió tontamente e hizo una burda reverencia ante mis pies siguiendo el juego.
  -Tengo un don innato.- se enorgulleció ensanchando exageradamente el pecho en una postura a lo superman.
  -Pues espero que tengas otros dotes a parte de la limpieza y puedas ayudar a Riley a descargar.- la voz de Rose sonó de la nada para después materializarse con rápidos andares y una gran caja de cartón entre los brazos.- Y tú, Cati, puedes ayudar a Ashley a poner las luces doradas por el salón.
No pude evitar congelar la sonrisa que esbozaba en aquellos momentos. ¿Es qué siempre tenían que fastidiarme los momentos alegres? No quería enfrentarme aún a Ashley y el hecho de hacer una cosa las dos juntas y solas no ayudaba mucho a decir verdad.
-A sus órdenes, mi sargento.- exclamó Fred llevándose la mano derecha a la cabeza para hacer un aparatoso saludo militar.
Rose despegó impacientemente la mirada de la caja que portaba hacia mí para esperar una respuesta que obviamente sabía cual iba a ser ya que no tenía escapatoria alguna. Bufé desesperadamente para terminar haciendo otro saludo militar.
  -A la carga mis valientes.- susurré entre dientes.
Rose ignoró mis murmullos (como acostumbraba a hacer) y volvió a su ajetreo personal. Miré a Fredy en busca de apoyo, con un poco de suerte podría cambiarme la tarea. Fred se encogió de hombros.
  -Dudo mucho que fueses capaz de transportar un sofá con Riley.- alegó como excusa al tiempo que me dejaba sola al pie de la escalera.
Maldije ininteligiblemente a Frederick en voz baja por haberse ido. Cuando yo quería estar a solas todos se abalanzaban sobre mí y para cuando les necesitaba se esfumaban.
Solté un largo suspiro ante lo inevitable y me remangué aún más las desbocadas mangas de la sudadera.
El salón estaba prácticamente vacío de muebles, lo que me ayudó a entender lo que Fred había querido decir con lo de transportar un sofá, exceptuando un par de sillas de la cocina. De este modo el salón parecía aún más gigantesco de lo que era, disipando todas mis dudas de cómo irían a entrar todas las personas invitadas.
Entonces vi a Ashley, escondida tras un enredo de cables, cuando intentó subir a una de las sillas. Me permití el lujo de poner los ojos en blanco antes de acercarme a ella y descubrir que el enfado aún no se había disipado. Lucía un sencillo vestido de seda color malva que nunca había creído que estuviera en su vestuario, el cual se zarandeó violentamente cuando su ama saltó en la altura para poner una de las luces.
  -¿Qué hago yo?- pregunté lo más hosca que pude ante mi inevitable invisibilidad.
Ashley me lanzó una mirada de prudencia hacia mi comportamiento para terminar soltando un suspiro de comprensión y menear la cabeza en dirección a la caja de al lado.
  -Empieza por desligar esa arqueta.- señaló.
Con una actitud algo infantil y decididamente malhumorada me senté en la moqueta y vacié el contenido de la caja. Mis dedos empezaron a encresparse entre los cables que difícilmente aceptaban deshacerse con amenidad, consiguieron rebelarse arduamente formando un revoltijo enorme de bombillas y alambres conectados.
El silencio permaneció mientras ambas nos ocupábamos de nuestras tareas sin tomar contacto la una de la otra, lo cual fue un alivio por mi parte. En cambio aquellos cables estaban decididos a no colaborar ya que, cuando al fin conseguía desliar una sexta parte de su longitud, ésta inevitablemente conseguía de alguna recóndita manera volver a deshilacharse con las demás.
  -¡Arrgg!- grité desesperanzada en mi tarea arrojando con ira la mezcolanza hecha. Me llevé las manos a la cara apretando fuertemente hasta que aparecieron puntitos anaranjados en la negrura. Tomé aire calmadamente.- A ver, tú no me caes bien y esta claro que yo a ti tampoco, pero si pusieras un poco de tu parte tendrías unas vistas estupendas desde ahí arriba.
¿Le estaba hablando a unas luces decorativas? Esto iba de mal en peor, pronto a los desmayos y jaquecas le tendría que sumar una locura prematura. Realmente perfecto para el collage que acabaría siendo mi dossier sanitario.
Esta vez decidí empezar por el final del cable y seguir el recorrido para deshacer los nudos.
  -Cati…- la voz de Ashley sonó cual murmullo arrastrado por el viento.
El corazón se me paró por cosa de dos segundos cuando vi como Ashley había atravesado la línea imaginaria de mi terreno dirigiéndose a mí. A pesar de todo mantuve gacha la cabeza y proseguí con la tarea indiferente a lo ocurrido.
  -¿Si?- pregunté con la vana esperanza de ser otra cosa lo que nos atañera.
Escuché el imperceptible suspiro de Ashley y bajé aún más la cabeza para no poder verla.
  -Sigo estando a dos habitaciones más de la tuya.
Mis manos temblaron durante escasos segundos, incapaces por más tiempo de prolongar la labor. Estaba intentando hablar conmigo de verdad.
  -Lo sé.- le contesté secamente.
Volví a la faena, que esta vez parecía cundir con más de medio metro sacado, deseando que Ashley cerrara el pico de una vez y estar de nuevo en silencio.
  -Cati, yo…
  -¿Qué estás intentando hacer, Ashley?- le interrumpí sin darle la oportunidad de hablar.
De pronto solté las luces y levanté la cabeza dispuesta a enfrentarme a mi amiga…
… siendo lo peor que pudiera haber hecho. En mi empeño por no mirarla a la cara me había sido imposible observar detenidamente su cambio.
Aquel rostro acorazonado e impecablemente hermoso que yo siempre había conservado en mi memoria se había visto customizado por un sencillo rostro de porcelana. La falta de maquillaje había dejado una terrible huella en su antes perfecto cutis y sus grandes ojos acaramelados, quienes faltos de vida a penas se hacía denotar entre sus beldades. Ashley había recogido su agraciado cabello ondulado en un peinado algo más retro y propio de los años sesenta, lo que le hacía conferir un inevitable toque a todo su atuendo.
Cerré las manos en dos puños al ver el notable cambio producido en mi vieja amiga. En cambio Ashley se limitó a mirarme con decepción en los ojos.
  -Estoy intentando ayudarte.- razonó.
¿Ayudarme? ¿Quería justamente ella ayudarme? Si quisiera ayudarme me hubiera devuelto a mi antigua amiga.
  -No quiero que lo hagas.- le espeté conteniendo la ira en las palabras.
Aquello me estaba superando en creces, Ashley había comenzado a pisar terreno peligroso. Pero pareció decidida a no dar marcha atrás ya que bajó de la silla y se acercó a mí sosteniéndome la mirada.
  -Pero la necesitas.
Aquello fue el culmen de todo lo dicho, la diferencia que marcaba mi amiga a distancia. No pude evitar reírme socarronamente ante el disparate que acaba de salir de su boca. Entonces me levanté sin poder controlarme por un momento más.
  -¿Para qué, Ashley? ¿Para poner “un rumbo” a mi vida? ¿Para ponerme un delantal, un vestido y unos bucles de oro? ¿Para brincar y saltar como una boba, feliz por un final irreal? ¿Para poder afirmar que comimos perdices en un cuento de hadas?- bramé desbocada por todas las emociones que afloraban en ese preciso instante. Ni siquiera me corté cuando los ojos de Ashley empezaron a humedecerse.- ¿Te refieres a esa clase de ayuda?
No me podía creer que la misma Ashley Smart que yo había conocido como una diva divina estuviera llorando por un par de gritos con verdades. Aquello me enfureció aún más.
-No.- consiguió responder tras tragar algo de saliva.- Necesitas amor, Cati.
Volví a reírme ante su contestación, sin saber realmente si debía discutir por una necedad como aquella.
  -Hace tiempo que asumí que el amor no existe. Que no hay un felices para siempre.- le dije sin siquiera molestarme en alzar la voz.
Miré a Ashley de nuevo, arrugando los pliegues de su vestido y a punto de llorar. Se sugería tan débil e indefensa, que hizo darme cuenta que ya no quedaban vestigios de la mujer independiente y vanidosa que en otro tiempo había sido. Aquello me derrumbó por completo, había perdido a mi amiga.
  -No queda amor para el que lo rechaza.
Suspiré cansada ante lo inevitable. Definitivamente le habían lavado el cerebro con aquella barata propaganda de adultos sobre la vida en el matrimonio y el alcance de la madurez. Aún así conseguí jactarme de todo aquello.
  -Acabarás sola, Cati. Tarde o temprano todos nos iremos, incluidos Fredy y yo.- la voz de Ashley comenzó a tomar valía en el debate malinterpretando una baja en mi defensa.- Debes aceptar como somos.
Aquello fue como una patada en el estómago que me hizo retorcer de dolor. Apreté fuertemente los dientes aguantando el golpe y cerré aún más los puños.
  -¿Y cómo somos, Ashley? ¿Y si soy yo la que decido estar sola?- proseguí entre dientes.
Mi amiga pareció querer dar un paso en aquel momento, mas mi mirada asesina la contuvo a realizar nada.
  -Somos especiales, y tú lo sabes. Precisamos de alguien a nuestro lado.
No pude aguantar ni una sola palabra más, no quería escuchar nada sobre aquello. Las manos me temblaban de pura ira y deseé con todas mis fuerzas el poder salir de aquella habitación lo antes posible, irme lejos de aquel lugar y no ver a nadie nunca más.
Finalmente me conformé con darle una patada a la caja que yacía vacía en el suelo.
  -¿Y qué quieres que haga, Ash? ¿Qué renuncie a todos mis principios y traicione a mi conciencia? Que coja a Nathan y le diga: Oh, perdona pero… ¿sabes? Me tengo que casar.- exploté de nuevo en mil pedacitos aún así estremeciéndome al pronunciar su nombre.- ¿Es eso lo que intentas decirme?
  -Si realmente le amaras, le dejarías ir.
Aquello había sido pasarse de la raya demasiado. Fue un punto bajo que no debería haber tocado nunca y ella era plenamente consciente de ello.
Enervada di un paso hacia delante y no me controlé cuando la abofeteé en la mejilla con todo el auge que pude acumular en mi ser. Ashley giró desmesuradamente el cuello doblegada por la fuerza del impacto e instintivamente se ocultó el carrillo tintado de un color rojo bermellón.
  -No vuelvas a insultarme de esa manera.- amenacé sobre su pusilánime figura.
Una lágrima tras otra empezaron a brotar de los ojos de Ashley y tan pronto no se podía dar marcha atrás a lo ocurrido ya me arrepentía de haber cometido el pecado. Quizá me hubieran arrebatado a mi mejor amiga pero yo no debía haberme rebajado a su nivel.
Sin saber qué hacer y ansiando que todavía no hubiera nadie en la casa para oírnos ni ver lo que había llegado a ejecutar, posé mis manos sobre los hombros de una desconsolada Ashley. Ella reaccionó al contacto con mi piel desencajándose de mi abrazo con miedo. Miedo a que le hiciera daño.
  -Ash…- ella deshizo los pasos que yo intentaba dar hacia ella.- Ash, lo siento mucho…- intenté disculparme.
Ashley se sobrecogió en sí misma y empezó a menear la cabeza a ambos lados sin parar. Verdaderamente le había damnificado con agravio al no medir las consecuencias que tendría una bofetada en la nueva Ashley, sino teniendo las referencias de la antigua.
Pero Ashley no paraba de temblar, encogerse y llorar sin parar. No pude aguantarlo más y me fui sin más, salí de la mansión y, poco a poco, aumenté la marcha de mi ritmo hasta que terminé dándome cuenta de que corría campo a través con un frío horrible calándome los huesos.
Mi mejor amiga me había abandonado, me había herido y lo peor era que yo también a ella. ¿En qué clase de monstruo me estaba convirtiendo? ¿A caso no había sido yo la que siempre aberraba la violencia? ¿Qué me estaba sucediendo?
Lo verdaderamente ínfimo de toda la situación era que por un instante, solo por una décima de segundo, lo vi todo como ella. Enamorada como una pardilla de aquel que debería ser mi hombre legítimo, con vestidos vaporosos retrógradamente hortera y una alianza vistiendo el dedo corazón. Es decir, sin Nathan a mi lado.
Me abstuve de morderme la lengua y dominarme. Grité a todo pulmón y comencé a dar puñetazos contra la corteza del árbol más cercano hasta que las lágrimas me impidieron ver nada más. Finalmente paré cuando dejé de sentir las manos atadas a mi cuerpo.
  -¿Cati?
La voz de mi abuelo me pilló por sorpresa. Pegué un respingo cuando por fin me di cuenta que gracias a mis gritos no había oído acercarse a mi abuelo, entonces me sequé las lágrimas arreglando lo que pude la situación. El abuelo me esperaba comprensivo a que me rehiciera.
  -Abu, ¿qué… tú… aquí…?- balbuceé entre gimoteos debido al llanto.
Me di con el puño sobre el pecho con la intención de parar el ridículo hipo que había adoptado. El abuelo mantuvo un semblante neutro que solo se conseguía a base de experiencia.
  -Solía venir aquí con tu abuela.- sentenció mientras inspeccionaba el lugar para abarcarlo.- ¿Y tú?
Nada. He descubierto que estaré sola por el resto de mi vida gracias a ser un engendro de la naturaleza y… ¡Ahh, se me olvidaba! Acabo de pegar a la que antes había sido mi mejor amiga, dijo una maléfica voz en mi fuero interno narrando burlonamente mis penurias. Quise hacerla callar.
  -Abuelo, me voy. No aguanto más.
Quería irme, desaparecer, esfumarme… ¿sería capaz de sostenerle la mirada Ashley después de la discusión que habíamos mantenido? ¿Y a Riley? Estaba segura de que se lo contaría todo.
Mi abuelo pareció no inmutarse ante mi nerviosismo, lo que logró acrecentarlo. Mas él se limitó a negar suavemente con la cabeza.
  -He hecho cosas terribles, Abu.- gimoteé llorando de nuevo sobre su regazo.- Tengo que marcharme.
Mi abuelo me acarició el pelo, cuyo moño había fracasado estrepitosamente como peinado, y recogió con sumo cuidado mis manos ensangrentadas mientras me dejaba llorar sobre él.
No sé cuanto tiempo duró mi berrinche pero para cuando me hube calmado mi abuelo comenzó a hablar.
  -No puedes irte porque mañana tienes una fiesta en la que debes estar.- afirmó como excusa.
Realmente yo no veía a la fiesta como un pretexto de quedarme en Saint-Germain le Château, es más, ya había urdido un plan para escaquearme de ella.
  -Ni siquiera tengo vestido.- alegué riéndome entre lágrimas.
Mi abuelo me levantó el rostro con sus suaves manos gastadas por la edad y ensanchó las arrugas de su rostro en una débil sonrisa.
  -¿Quién te ha dicho a ti eso, reina?

2 comentarios:

  1. oo me encanata (excepto la forma de comportarse de cati)
    pero es precioso de verdad
    i... el tal fred se parece "solo un poco" a emmet no??
    me encantaria tener un amigo asi
    jajaja un beso moradilla and green arrow jajaja
    (espero el capitulo 19 pronto)

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  2. Gracias!! aunque sé que cati no es muy "buena" en este capitulo quería dar un matiz exagerado de lo cambiada que estaba su amiga Ashley y como poco a poco todos van sucumbiendo a las costumbres de su especie (ya lo explicaré con más detenimiento adelante), por eso se comporta así.
    Y lo de Fred... pues bueno, QUIZÁ haya acogido un símil de él o... jjajaja
    Thanks friend isn't quickly than Clark jajjaa

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