El sol que tanto adoraba que se interpusiera en mi blanquecina piel, se transparentaba débilmente a través del desvencijado desván, que yacía olvidado y cubierto de polvo como juguete roto en la casa. A pesar de su patente suciedad, la cual sobrevolaba por toda la estancia, plagando los enormes bultos blancos que se alzaban cual fantasmas aterradores moradores, constituía el único lugar en todo el recinto en el que poder esconderse a miradas inquisidoras y presiones morales de sus habitantes.
Recorrí una vez más la sucia sala, como tantas había hecho, y me detuve de nuevo en el gran arcón de madera decorada y hierro forjado donde guardaba todos mis “verdaderos” efectos personales. La abrí, con el sonoro chirrido dándome la bienvenida como tantas veces había hecho, y esperaba que hiciera por mucho más, el sonido me recorrió toda la espalda como un escalofrío, los objetos sobresalía del baúl, presionados al fondo para que cupiera todo a la perfección, me detuve a admirar la colección: libros de todos los tamaños en colores, mapas viejos y olvidados marcados en rojo hasta la saciedad y algunas fotos carcomidas al verse sido arrancadas con brutalidad de su álbum legítimo. Un tesoro en bruto.
Suspiré, me estaba impacientando. ¿Por qué tardaba tanto? Con manos sudorosas por los nervios, saqué por trigésima vez el papel arrancado de una libreta y leí su contenido para comprobar si, por alguna remota posibilidad, en las exhaustivas lecturas que había realizado de éste se me había escapado algún detalle, mas la nota era algo escueta:
Reúnete conmigo en el desván a las cuatro.
Tu, etc.
An.
Las preguntas se abalanzaban en mi mente en tropel, sin ni siquiera dándoles tiempo a elaborar con claridad. An nunca era tan misterioso de costumbre, al menos no tanto como para esconder una nota de madrugada entre mis sábanas, me cuestioné seriamente si de verdad había subestimado su indulgencia y si habría recuperado la locura que tanto me había agradado de nuestra pubertad juntos. Él me había visto crecer como yo a él verle convertirse en un prototipo de medio hombre, y la madurez que siempre había caracterizado mi carácter y la viveza del suyo, se habían intercambiado como un experimento químico fallido, una especie de Doctor Jekyll y Mister Hyde.
De pronto un estruendo me sonsacó de mis pensamientos abstractos y, con el corazón en un puño por el susto, corrí a esconder el preciado arcón abierto como cofre del tesoro, y yo hice otro tanto corriendo una tupida sábana para ocultar mi presencia.
-¿Tali?- la voz sonaba temblorosa junto con el ruido de la puerta.- Tali, ¿estás ahí?
Se oyeron pasos sobre la madera podrida por el tiempo y, aún temerosa de equivocarme de persona, alcé un ojo a visor para comprobar si se trataba de mi amigo. La endeble figura de un alto muchacho de finos mechones brunos que oscurecían su rostro se alzó buscando con desesperación entre los fantasmagóricos muebles tapados, donde se hacía más patente la mugre del lugar. Suspiré al soltar el aire que inconscientemente había retenido a causa del sobresalto y, con una sonrisa en el rostro, salí a su encuentro.
-¿Qué se supone que estás buscando, An?
El chico, encorvado investigando la parte trasera de una gran viga, brincó débilmente, aunque lo suficiente para poder apreciarlo con calidad, y, con una mezcla de enfado y sorpresa en su angelical rostro, se viró hacia mí. Sin poder contenerlo, una limpia carcajada salió de mi garganta prendiendo el ambiente de tensión, que se hacía denotar en el leve verdor de la cara de An.
-No ha tenido gracia.
-Por supuesto que no, mi valiente caballero.
Otra carcajada sonó en el aire y esta vez An fue más condescendiente y sonrió ante la broma. Entonces el silencio llegó, como siempre hacía, y supe cuanto valoraba afasia con An, ya que con ningún otro lo había hecho. Él me miró a los ojos, estudiándome a fondo, escudriñando en el fondo de mis ojos, un ritual que siempre hacía dada la extraña manía que tenía de calcular los sentimientos de cuantos le rodeaban, acorde con eso tomaba las decisiones en cuanto a su trato; pero esta vez un exánime tono rojizo se aposentó en sus pómulos, de una textura extravagante que seguía sorprendiéndome.
Le concedí unos minutos de examen caritativos y después reaccioné como había pensado hacer.
-¿Sucede algo?
An desencajó su rostro y volvió a la realidad, desconcertado por la pregunta.
-No, ¿por?
-La nota.- dije mientras la sacaba del lazo de mi vestido donde la resguardaba.
-¡Ah! Claro, la nota.
¿Qué le pasaba a An? Estaba como abstraído, en otro lugar muy lejano de aquí. Él no se solía comportar así, no de esa manera tan descuidada e impropia de él.
Pretendiendo aparentar naturalidad, me acerqué entre saltos hacia mi compañero donde él me instó a sentarme sobre la tarima del suelo. Allí me hice una bola, procurando tapar mis piernas con el largo vestido marrón chocolate que conjuntaba, según Margarita, a la perfección con el color broncíneo de mis ojos; y traté de posar mi barbilla sobre las rodillas. An, en cambio, siguió de pie, mirando paso a paso mi actitud positiva, y una sonrisa surgió deliberadamente en su rostro.
-¿Tienes alguna idea de por qué te he llamado?
-No, esta mañana mis poderes psíquicos han fallado un poco.- bromeé.
-Tal y como había predicho…- se rió él mientras continuaba de pie observándome.- En realidad, el otro día me hiciste pensar…
-¿Yo? Pero si tan solo soy una humilde dama.- bufoneé.
An se rió jocoso por el comentario y finalmente se sentó a mi lado.
-Sí, y yo el rey de Inglaterra en persona.
-Y… ¿se puede conocer el motivo de tus pensamientos?
Él dudó por unos instantes, ajeno a mis preguntas y a todo cuanto le rodeaba, pero luego sonrió afablemente y se recostó cómodamente en mi regazo sin mayor pudor. En cambio, un notable rubor se concentró en mis mejillas cuando lo hizo, hacía mucho que no se tomaba esas confianzas conmigo.
-¿Recuerdas lo que dijiste sobre salir de aquí?
¡Por supuesto que lo recordaba! Creía que lo había dejado bastante claro reforzando el tema cada diez segundos contados. Aún así contuve mis emociones y respondí brevemente a su pregunta, seguía interesada en cómo acabaría esa conversación.
-Sí, algo así.
-Pues le he estado dando vueltas…
-¡¿En serio?!- exclamé casi sin creerlo.
Las especulaciones afloraron en mi mente como una enorme enredadera, igual de grandes y retorcidas. Mas An se adelantó a mis propósitos para explicarse, alzó sus manos y las agitó para llamar la atención.
-No pienso ir a ningún sitio o escaparme.- añadió para que no le malinterpretara.
La decepción actuó como plaguicida inmediato a todos mis raciocinios más alocados, de cualquier modo me había impuesto escucharle, y no iba a faltar a mi palabra.
-A lo que me refería era a que vas a cumplir una edad razonable y… bueno, no me gusta verte de esa manera.
-¿De qué manera?
An volvió a dudar en cómo responder, parecía que le costaba expresarse a sí mismo.
-Tan… abatida.- confesó mirando al techo y perdiendo la mirada, parecía que no me hablase a mí.- Y, con intención de aprovechar la ocasión de tu cumpleaños, me gustaría regalarte un pequeño presente.
Acto seguido se incorporó de mi regazo y, sin dudar un segundo, sacó de su impecable chaqueta victoriana un pequeño paquete rodeado con un cordel.
-¿Para mí?
-Bueno… yo no veo a nadie más en esta sala a la que ofrecérselo.- ironizó mi reacción. Nuestros ojos se encontraron mientras su cara se iluminaba cuando sucedió, aquello me gustaba mucho de él, era muy transparente a pesar de todo. Carraspeó.- Vamos, ábrelo.
Con la emoción embargando mis venas acogí la caja entre mis manos, pesaba más de lo que me imaginaba y sin embargo era demasiado pequeña para lo que mi imaginación podía especular. Delicadamente desaté el lazo que la envolvía y retiré el cordel que la ataba, el corazón iba a reventarme de los nervios que tenía puestos en ese desinteresado regalo, para mí significaba mucho. Le quité la tapa, allí, en su interior, estaba la caja de música más bonita y elegante que había visto en mi vida. El plateado de la carcasa ovalada se denotaba brillante y pulcro junto con las delicadas y diminutas perlas que decoraban el exterior rodeando las cuatro rosas detalladas en la superficie, pintadas de un fuerte color rojo sangre.
-¡An, es preciosa!- grité.
Sin controlarme a tiempo me abalancé a sus brazos y le estreché contra mi cuerpo. Sentí las manos de mi amigo temerosas, mas luego las aposentó en mi espalda, devolviéndome el abrazo sin miramientos. Me aparté.
-¿Te gusta?
-¿Que si me gusta? ¡Me encanta!
-Me alegra saberlo.- carcajeó.
-¿Cómo funciona?- pregunté mientras sacaba la caja musical de su envoltorio y le daba vueltas para admirarla mejor. Detalle a detalle se hacía más hermosa a mis ojos.
-Trae, mira.- me ordenó siguiendo mis ojos sus movimientos.
An sacó de su cuello una cadena de plata con una pequeña llave y, girando la cajita en un sentido correcto, la introdujo en una ranura delantera. La tapa de la caja se abrió como hechizada y presentó a una bailarina de ballet que comenzó a dar vueltas sobre sí misma mostrándonos su encanto personal. Me quedé embobada viéndola bailar y luego, me paré a escuchar la música que se entonaba.
-¡Es Chopin!
-Nocturno, opus 9.- aclaró.- Creí que te gustaría conservarlo tú.
Le miré extrañada mientras la música seguía flotando en el aire, embadurnando todo de su esplendor y riqueza, como solían hacer todas las canciones.
-¿No la has comprado?
-La verdad es que no.- susurró avergonzado por el descubrimiento.- Pertenecía a mi madre. Era artículo indispensable en todos mis viajes… antes de venir aquí.
-Así que esta monada ha conocido más mundo que yo.- sentencié deprimida por la verdad de la oración.
-Teóricamente. Aunque el motivo no era menospreciarte, quería que tuvieses algo mío. Como recuerdo, ya sabes.
Miré a An vanagloriándole y le sonreí movida por el cariño que en esos momentos sentía hacia él. An levantó la mirada y me sonrió mientras alzaba su mano hacia mi mejilla y la acariciaba inocentemente.
-Yo también quiero que tengas algo mío.- declaré.
-No hace falta. Me conformo con que al mirar esta cajita te acuerdes de mí.
-Ya pero… ¿Cómo vas tú a recordarme a mí entonces?
Dubitativa en qué detalle escoger para la ocasión, encontré la vieja caja de herramientas que yacía desparramada a pocos metros. Decidida, me levanté hacia ella y recogí de ella las desvencijadas tijeras de podar, evité mirar a An en esos momentos, de seguros escandalizado con la idea de que yo cogiera unas tijeras tan enormes, y corté un mechón de mi pelo.
-¿Qué haces?
-Aguarda, ya verás.- le aseguré.
Tiré las tijeras cuando terminé y saqué del fondo de mi vestido el guardapelo en forma de corazón que había llevado desde niña como regalo de mi padre, luego cogí un punzón y garabateé lo más limpio posible en la superficie, por último metí el mechón de pelo dentro y se lo entregué a un expectante An.
-Aquí tienes.
-Está bien, pero suelta ese punzón.
Con una carcajada lancé el punzón de lleno junto a las herramientas y volví a extenderle el guardapelo que pretendía regalarle, al fin y al cabo también se trataba de su cumpleaños. An cogió el presente y los manoseó para verlo mejor de cerca.
-Con amor para mi An.- leyó en voz alta lo que yo había escrito hacía escasos segundos.- Gracias.
-Gracias a ti.
Sus ojos, un almizcle de marrón corteza y verde musgo, me escudriñaron tras su lacio pelo negro una vez más, y dejé que viese cuanto me agradaba todo aquello. Pero sus ojos tan solo se repararon en los míos sin moverse hacia otro sitió, y Chopin dio su toque final.
ohhh q lindoo
ResponderEliminarmaravillosoy mas alegre todavia de ser moradilla y de q hayas exo , por así decirlo un personaje
jajja
Vaya, reconozco que echaba de menos tus comentarios moradilla... xDD
ResponderEliminarQué, intentando poner otro número capicúa en mi pag web?? jajajaja
Gracias. Aunque tener a un personaje como esto solo me acarrea tener que preguntar a las dos expertas de turno sobre su personalidad y... creo que me voy a pegar un tiro xDD jajaj
pues si
ResponderEliminaraora voi a intentar hacer la entrada nº....(redoble de tambores trrrrr...)868
si esq mi scomentariosjajaja
te lo voy a deletrear para que no me eches las culpas de mi corto entendimiento:
ResponderEliminarL
O
C
A
más que yo, para especificar jajajajaj xDD