jueves, 29 de julio de 2010

8. Aplacada

  -Srta. Darmon, ¿se encuentra bien?
El profesor Fellon se estaba dirigiendo a mí, podía oler su aroma a loción de afeitado que siempre acompañaba a su figura, pero no me atreví a levantar la mirada hacia el habitual rostro plagado de una esmerada barba bien cuidada. Siempre me había preguntado cómo podían estar relacionados ambas evidencias como eran la loción de después del afeitado y su barba.
  -¿Srta. Darmon?
El mundo me daba vueltas sin parar, ahora apenas oía el eco de la voz del Sr. Fellon. Un sudor frío bajaba por mi frente, eso era lo único material que sentía en aquellos momentos. Cerré los ojos en un intento de detener el mareo, solo tenía que calmarme durante unos minutos y todo volvería a la normalidad.
  -Señorito Hayes, ¿sería tan amable de acompañar a su compañera a la enfermería?
  -¡No!- logré decirle al fin. Abriendo poco a poco los ojos de nuevo intenté contestarle adecuadamente.- Quiero decir, puedo ir sola.
El profesor Fellon frunció un ceño, eso era señal de que estaba reconsiderando mi propuesta. Hice un esfuerzo por aparentar que solo era una simple bajada de tensión y que podía caminar perfectamente hasta la enfermería sin ayuda. Finalmente asintió levemente y recogí mis cosas lo más rápido que me pude permitir para salir de la clase. Salí del edificio de las clases lo antes que pude y me dirigí al césped del campus. En aquellos momentos no había nadie por los alrededores, me desplomé sobre la hierba y a duras penas conseguí mantener la cabeza gacha entre mis piernas, así siempre se me habían pasado los mareos.
La pesadilla que había soñado esa noche aún ocupaba mi mente, lo había estado haciendo durante toda la mañana y no podía sacármela de la cabeza.

La oscuridad se cernía sobre mí, las plácidas caricias que siempre me había regalado se habían convertido ahora en afiladas garras que me herían profundamente como mil cuchillos clavándose sobre mi cuerpo.
Estaba en el campus de Kenilworth, lo sentía presente en aquellos momentos. El césped tan bien cuidado que yo recordaba se había visto sustituido por unos resecos matorrales mal cuidados, los árboles habían perdido todas sus hojas y el característico color marrón brillante por la resina que siempre le acompañaba había desaparecido dejando tras de sí una leña podrida por el tiempo.
Caminé entre los hierbajos, notando como sus pinchos desgarraban mi ropa haciéndolas trizas, pero eso no importaba, me lo merecía. Una derrumbada y semi-derruida academia de Kenilworth se erguía en medio de la nada, abandonada y llena de suciedad y telarañas. Entré en el edificio, o lo que quedaba de él, y seguí caminando, había algo que me llamaba y debía ir. De repente, en el suelo, vi un pequeño reguero de sangre, apenas unas gotas que comenzaban a aparecer indicándome el camino que debía seguir. Continué siguiendo al rastro de sangre hasta que llegué a una de las habitaciones, allí estaban todos. Melinda, Eric, Cooper y Patrick, vestidos de un absoluto negro, rodeaban en un círculo a algo.
Me entró la curiosidad, me acerqué a ellos para ver que estaban haciendo y que ocultaban tras aquellos trajes oscuros. Quise preguntarles, obtener respuestas pero al mismo tiempo ellos me miraron a mí. Sus miradas estaban cargadas de odio y de repugnancia.
  -Monstruo.- exclamó Melinda, cuyos ojos verdes plagados de aversión hacia mí se veían tapados por un velo de rejilla negra.
  -Engendro.- me insultó Cooper mientras me escupía a la cara.
  -Aberración.- terminó Eric golpeándome con fuerza en el carrillo.
Todos me odiaban, me despreciaban cruelmente. ¿Por qué? Yo no había hecho nada malo. Quise gritarles que era inocentemente, que se habían equivocado de persona porque yo jamás les haría nada, pero algo me lo impidió.
En ese momento todos se apartaron y dejaron ver lo que habían estado custodiando, era un cuerpo. Su piel estaba pálida y tersa, hasta sus labios estaban resecos y blancos como la cal, los cabellos morenos estaban sucios y llenos de grasa, pero lo peor fueron sus ojos, unos ojos faltos de vida, huecos. Alexia estaba muerta.
Una mano apretó mi hombro en aquellos momentos, era Patrick, él no se había alejado de mí como los demás. Le miré con lágrimas en los ojos, una sonrisa de maldad y diversión teñía su cara. ¿Cómo podía estar feliz si Alexia había muerto?
  -Asesina.- me dijo entre risas.
Entonces caí en la cuenta, miré todo mi cuerpo, estaba salpicado de sangre y yo era la que había provocado el reguero de sangre, la sangre de Alexia.
  -Tú la asesinaste.

Solté un alarido de dolor incontenible, grité todo lo que pude hasta que me desahogué del todo. Estaba temblando incontroladamente, no podía parar, los dientes me castañeaban de frío pero yo no lo sentía, había un calor abrasador dentro de mí que me quemaba por dentro.
  -Cati, ¿qué te ocurre?- oí decir a una melodiosa voz. 
No podía ser él, ahora no, no podía verme así. Cerré los ojos con más fuerza, viendo puntitos anaranjados en la negrura, y deseé con todas mis fuerzas que se fuera, que no estuviera a mi lado viéndome en este estado.
Una mano fría recorrió mi frente, echándome el pelo sudado hacia atrás. En cierto modo agradecí la frialdad de su cuerpo en aquellos momentos, pero poco podía hacer frente a lo que me abrasaba por dentro.
  -Estoy bien, tranquilo, no me pasa nada.- le dije en un susurro con tal de tranquilizarle y que se marchara.
Pero no lo hizo, se quedó a mi lado, esperando pacientemente a que me recuperase. Podía oír su respiración en mi nuca, su olor que me nubló la mente, sus ojos grises puestos en mi cuerpo, y me mareé aún más, si lo que quería era ayudar no lo estaba consiguiendo.
Estuvimos unos minutos más así, en silencio, mientras intentaba dominar mi interior y él me pasaba sus manos por la frente, apartándome el pelo de la cara. Finalmente me erguí y abrí los ojos, acostumbrándome a la tenue luz del día y respirando hondo para seguir relajándome, ya casi lo había logrado. Le miré a la cara, su rostro parecía expresar una preocupación inminente que hizo ruborizarme.
  -Hoy...- intenté decir algo para que no se inquietase más. Resoplé para poder rehacer la frase.- Apenas he dormido y esta mañana no he desayunado, no es nada grave.
Y no le mentía del todo, había dormido un máximo de tres horas y ni siquiera había probado el desayuno al amanecer. Aunque sabía de sobra que no me había mareado por esas causas estaba segura de que sí incidirían en la tendencia al mareo.
Nathan no pareció quedarse tranquilo del todo. Abrió la boca para decir algo pero al final acabó cerrándola sin decir nada. Intenté incorporarme de nuevo, con la enérgica mano de Nathan sujetándome el antebrazo, y noté como un montón de puntitos cegaban mi visión haciéndome perder el equilibrio. Nathan me agarró fuertemente, impidiendo que mi cara y el suelo se encontrasen, y me pasó un brazo por la cintura para tenerme bien sujeta y no me cayese.
  -Será mejor que te acompañe hasta tu cuarto.
No intenté contradecirle, estaba demasiado cansada, por lo que me limité a apoyar mi cabeza contra su pecho y dejarme llevar hasta mi habitación.
Escasamente fui consciente del recorrido que hicimos los dos juntos o de cómo consiguió encontrar mi dormitorio, cuando verdaderamente me quise dar cuenta ya estaba tendida en el lecho. Nathan estaba a mi lado, de pie junto a la cama, apoyado contra la pared y mirándome.
  -¿Te quedarás?
Difícilmente era sabedora de todas las secuelas que supondría el hecho de que aceptara mi invitación o meramente la misma proposición de ésta, pero en aquellos momentos solo quería que estuviese a mi lado.
  -Necesito que alguien vigile la puerta para que no me pillen saltándome las clases...- bromeé riéndome a duras penas.
Él también se rió.
  -Solo si tú quieres que lo haga.
Le miré a los ojos, parecían tan apesadumbrados. Me limité a asentirle para después cerrar los ojos.
Sentí como el colchón se hundía levemente a mi lado, como unas piernas se entrelazaban entre las mías, unos brazos me rodeaban haciéndome sentir segura. Descansé mi cabeza sobre su torso, hundiéndome entre sus ropas y Nathan me dio un beso en la frente. Entonces, pude dormir tranquila.

5 comentarios:

  1. esto es velocidad escribiendo!!!
    TQ moradilla

    ResponderEliminar
  2. ainsss
    me encanta !!1
    me cae bien el tal nathan
    jajajajja
    un besito tu friend , fan number 1
    &lias Moradilla

    ResponderEliminar
  3. jajajaj, es que yo soy superwritergirl, el nombre es demasiado largo y por eso puede que no me reconozcan así en todos los sitios.... jajjaja
    Te cae bn Nathan pero tengo un presentimiento de que Daniel te va a gustar más, no sé por qué es una intuición un poco boba... jajjajaj
    tQ moradilla!!

    ResponderEliminar
  4. uii
    eso por supesto(creo yo)
    pero de momento nathan no me cae mal
    asiq va a ser como si nathan fuera verde y daniel pos... morado
    jajajajja
    un besote moradilla

    ResponderEliminar
  5. pues perdona que te diga pero nathan no es verde, que él es más guapo que Willy... jajjajajaj
    besetes moradilla

    ResponderEliminar